
No debería uno contar nunca nada, ni dar datos ni aportar historias ni hacer que la gente recuerde a seres que jamás han existido ni pisado la tierra o cruzado el mundo, o que sí pasaron pero estaban ya medio a salvo en el tuerto e inseguro olvido. Contar es casi siempre un regalo, incluso cuando lleva e inyecta veneno el cuento, también es un vínculo y otorgar confianza, y rara es la confianza que antes o después no se traiciona, raro el vínculo que no se enreda o anuda, y así acaba apretando y hay que tirar de navaja o filo para cortarlo.
Así comienza la novela de Javier Marías " Tu rostro mañana: Fiebre y Lanza". En esas tres páginas del comienzo se reflejaba exactamente lo que me ocurrió, nos sucedió, a un grupo de amigos.
Ahora no pretendia contar lo que nos pasó (malos rollos porque A le dice a B que ha dicho C que "noleajunta". Pero B no habla del tema con C. Además, D piensa que la cosa tambien va con él y hace piña con B y ... todas las letras en danza contando qué ha dicho el otro y acabamos enfadados sin enfadarnos). No, solo queria señalar que hay una serie de libros que se aparecen en el momento exacto para reflejar una situación por la que estás viviendo. A mi me ha pasado algunas veces estar en determinada situación y coger un libro por casualidad, sin tener ninguna referencia sobre lo que trata, y verme bastante reflejado en él. Tengo unos cuantos, ya iré trayéndolos por aquí.